Perdí las sombras de ayer
Así era los recuerdos a vosotros, el recuerdo de lo que pasó ayer, eh, era algo continuo, propio de mi día a día.
No era solo enriquecer, tal vez de nutritivos, sino conformabais mi vida y bueno, ¡no era algo tan malo!
Tal vez sea la necesidad de no firmar con el destino el día a día igual o tal vez lo mejor del cachondeo que es reír a lo loco y desquiciar a la línea recta.
Era darse la vuelta y veros ahí, los colegas, cómo sombras del puntaje de mi vida.
Durante una época frecuenté un tejado de chapa, a falta de gato, yo algo tengo de felino, que era la terraza de una extensión chota de una casa.
Vivía mi vecina, dos cuadras, en ciertos lugares se considera vecina, en Madrid seguramente nunca nos hubiéramos cruzado.
La extensión era un piso arriba, con su ventana que daba al tejado del garaje, frente a unos departamentos en construcción, dónde podías salirte y sentarte y fumar.
Porque eso sí, hasta en el infierno encontrarás alguien que te invite a fumarte un faso.
La extensión era su habitación, ¿cocina? Sí, porque calentaba ahí la pava para el mate, cuartito de baño y nada más, bueno sí, la ventana
Pero la recuerdo alargada, cómo el cuadrito aquel de la habitación de Van Gogh, hasta había un violín que siempre pensé que ella sabría tocar pero que el día que tocó supe ¡que ella no sabía nada!
Tan cerca estábamos y sin nada que hacer, dos desconocidos nos fuimos conociendo y construyendo una parte del camino del otro.
Ya hace tiempo que no somos sombras de ayer, sino del ayer.
Pero todo vuelve, dicen.
Nada que ver pero igual se puede escuchar _Nacha Pop - Lucha de Gigantes.



